Centro de Educación Infantil Baloo

 

La resolución de conflictos en la infancia

Un conflicto se entiende como un conjunto de dos o más situaciones hipotéticas que no pueden darse de forma simultánea, lo que conlleva a un enfrentamiento o discusión donde una de las partes que interviene intenta imponerse a la otra.

Se trata pues de situaciones desagradables y embarazosas que se presentan en las distintas etapas de la vida, también en la infancia. 

Todo conflicto se percibe como algo negativo que puede provocar enfrentamientos y situaciones de cierta tensión. No obstante, puede ser una buena oportunidad para que los niños aprendan habilidades sociales como respeto, empatía, capacidad de decisión, etc.

Puesto que la resolución de conflictos es algo que forma parte de la vida diaria, los niños tienen que aprender desde pequeños a superar estas situaciones de manera adecuada.

Por otro lado, los niños no poseen las habilidades necesarias para resolver conflictos, por lo que es necesario que el adulto les oriente y haga de modelo a imitar. Por ello, pedirles que sean ellos mismos los que resuelvan sus conflictos es pretender que realicen algo para lo que todavía no están preparados.

 

¿CÓMO ENSEÑAR A LOS NIÑOS A RESOLVER CONFLICTOS?

Como padres, hay una serie de pautas que podemos seguir para que los niños aprendan a resolver conflictos:

  • Ser ejemplarizantes. ¿Cuál es nuestra actitud ante un conflicto? ¿Actuamos con violencia o de forma calmada? ¿Somos dialogantes? No hay que olvidar que la forma en la que los niños aprenden acerca de cualquier hecho de la vida es mediante el ejemplo. Por tanto, si queremos que resuelvan sus conflictos a través del diálogo, sin gritos ni golpes, debemos actuar de igual manera.
  • Favorecer la comunicación del niño. Hay que hacer que el niño exponga su punto de vista y comunique lo que no le gusta.
  • Representar situaciones reales. Puede ser una buena práctica plantear como podría ser una situación hipotética y reproducirla en casa con nuestros hijos. Esto permitiría poner en práctica lo que los niños ya pueden haber interiorizado de manera intelectual pero que todavía no saben ponerlo en práctica.
  • Utilizar los conflictos que se den en casa. Nuestra labor comienza en casa, ya que es allí donde surgen la mayoría de los conflictos. Un claro ejemplo serían los conflictos que se dan entre hermanos. En este caso, las pautas a seguir serán las siguientes:
    • Identificar el conflicto. ¿Qué ha ocurrido? Hablaremos de ello adoptando una postura totalmente imparcial.
    • Hacer que ambas partes expresen por turnos sus puntos de vista, siendo muy importante que ellos se escuchen y cada uno sepa cómo se siente el otro.
    • Dejar que sean ellos los que propongan solucionar el conflicto. Evitaremos dar nuestra opinión, ya que si les decimos cómo tienen que actuar para solucionar el problema, no les estaremos enseñando nada.
    • Razonar con ellos los pros y los contras de cada solución planteada.
    • Elegir entre todos la opción que parece más acertada. Se trata de que ambas partes estén satisfechas con el acuerdo al que se ha llegado, evitando en todo momento que la parte más favorecida se sienta vencedora.

Al principio, para que los niños aprendan, será primordial nuestra intervención. No podemos privar a un niño de un referente de comportamiento que por otra parte le es necesario para su aprendizaje. Más tarde, cuando los niños van adquiriendo práctica, conviene que nuestra intervención vaya siendo cada vez menor. Está demostrado que la habilidad en la resolución adecuada de conflictos, como el resto de habilidades sociales, no es una capacidad innata al individuo, sino que depende del nivel madurativo y de las experiencias de aprendizaje. Por tanto, será esta demostración de madurez en el niño la que nos indique que ya es capaz por sí solo de resolver sus propios conflictos. 

CookiesAccept

Este sitio utiliza cookies para funcionar correctamente.

Si Vd. continua navegando está aceptando nuestra política de cookies. Saber más

Acepto